domingo, 12 de mayo de 2013

¿Qué juicio clínico le pongo al paciente?

La principal angustia a la que se enfrenta un R1 en sus primeras guardias se puede resumir en la duda existencial: "¿qué juicio clínico le pongo al paciente?".
 
Ola ke ase? me das de alta o ke ase?

Tanto para darle de alta, como para ingresarle, si el residente no es capaz de poner la etiqueta correcta se quedará bloqueado y las pegatinas de los pacientes pendientes de resolver se irán acumulando en su libreta.
Como ha estado 6 o 7 años estudiando enfermedades "de libro" al enfrentarse al paciente real, que tiene la jodida costumbre de no tener enfermedades de libro, no encuentra el término para "cerrar el caso". La respuesta no está en ninguna de las cinco opciones tipo test.
Con el paso del tiempo, y por imitación de sus residentes mayores o adjuntos, irá desarrollando toda una nueva taxonomía de términos diagnósticos apropiada a la realidad de la práctica médica: "sindrome constitucional a estudio", "mareo idiopático con exploración neurológica normal", "probable infección viral", "sobre-infección respiratoria"... o el concepto ontológico aglutinador de todas las altas para "control por su MAP": "sin patología urgente en el momento actual".
 
R1 de rayos aprendiendo a escurrir el bulto

Es curioso porque al médico sin experiencia le cuesta más encontrar el término diagnóstico que saber qué hacer con el paciente. Normalmente uno sabe qué hacer con el paciente, (aunque esté equivocado), pero en el abordaje terapéutico (¿qué hacer con el paciente?) no se da el fenómeno del "folio en blanco" que sí aparece en el etiquetado diagnóstico (¿qué tiene el paciente?).
La informatización de la historia clínica electrónica no hace sino complicar más las cosas, pues el estado actual de la tecnología fuerza, para hacer los datos explotables, a categorizar a los pacientes en taxonomías discretas, esto es, un conjunto de categorías con tres características: a) son mutuamente excluyentes, lo que complica el abordaje de las comorbilidades b) son binarias, es decir basadas en un paradigma probabilístico frecuentista (típico de la epidemiología) y no en uno bayesiano (más apto para la modelización de incertidumbres) y c) se supone son completas (lo que deja a los pacientes sin diagnóstico en tierra de nadie y les empuja a ir al homeópata).

¿Cuál es el problema de fondo? que los profesionales sanitarios durante su formación pregrado y postgrado no oyen nada de esto. Tú le hablas a un médico de ontologías, taxonomías, modelos de representación semántica y te mira como si fueras un extraterrestre. Sin embargo gran parte de su trabajo (y sus angustias) van a consistir en pelearse con modelos de representación semántica (etiquetas diagnósticas). Como no conoce la teoría, le pasarán un modelo desarrollado por otros y lo adoptará acríticamente (ya sea el CIAP, el CIE o el SNOMED-tecnología-propietaria-USA-con-licencia-cara-de-cojones-que-pagamos-todos-con-nuestros-impuestos). Bufará cuando tenga que encajar a sus pacientes reales en el modelo impuesto, como el que trata de encajar la última pieza de un puzzle mal resuelto dado puñetazos, y dirá que es que el programa informático es una mierda. 
 
¿cómo coño codifico "barro biliar"?

Por otra parte la formación del ingeniero informático está dominada por el paradigma de base de datos relacional (diseño de programas de gestión, tipo contabilidad, que es el 90% del nicho laboral) por lo que sobre tecnologías para el manejo de datos no estructurados (modelos de representación semántica, bases de datos NoSQL, minería de textos) tendrá como mucho alguna asignatura opcional. Vamos, que ni puta idea.

La tragedia está servida. Hay un conocimiento teórico necesario para solucionar el problema de "¿qué juicio clínico le pongo al paciente?". Por cierto, una pregunta incorrecta, pues lo correcto sería preguntar ¿cómo documento mi juicio clínico de modo que me permita tomar una decisión y de paso generar inteligencia sanitaria agregada?. Este conocimiento, por desgracia, queda relegado al campo de unos academicos-frikis-que-lo-flipas, que por supuesto nunca han pasado consulta con un paciente real y  que escriben artículos que solo se leen entre ellos
 
El profesor Grimer, gurú de las interfaces de terminología médica, en vez de pelis porno le pone comparar CIE-10 con DSMV.

Si alguien revisara el impacto que un interfaz de terminología clínica mal hecho tiene sobre los procesos clínicos y la salud pública a lo mejor nos llevábamos una sorpresilla.

sábado, 11 de mayo de 2013

Un paciente empoderado



Un paciente empoderado surafricano sufre amputación de dedos de mano derecha.

Contacta con un friki en USA, que no es médico ni nada y se ponen a diseñar una mano robótica.

Compran unas impresoras 3D, liberan el código y un montón de pacientes sin dedos empiezan a fabricarse sus propias prótesis:



Claro que las impresoras cuestan bastante pasta, aunque hay proyectos de hardware libre que permiten a cualquiera con un poco de paciencia construirse su propia impresora desde cero:



La pregunta es qué opinarán los protésicos de toda esta gente haciendose prótesis sin contar con un profesional, especialmente los protésicos dentales, un negocio especialmente lucrativo.

Imagino que lo mismo que los médicos sobre los pacientes que se automedican.

Hay mucho movimiento en este asunto, por ejemplo una máquina PCR para hacer experimentos genómicos que te puedes fabricar en tu casa.

Hay quien fabrica anfetaminas en el garaje, pero te meten en la cárcel, no sé que ocurriría si a alguien le da por fabricarse su propio ibuprofeno en casa.

Tiempos interesantes.

domingo, 28 de abril de 2013

Big Data, ¿Big Buzz?

El palabro "Big Data" está de moda. La cancamusa es un poco como los pantalones de campana, las hombreras o los pantalones lavados a la piedra. ¿Se acuerda? en su momento estaban muy de moda, aunque llevarlos ahora queda un tanto ridículo.

Lo mismo le ocurre al "dospuntocero", que ya ha quedado un poco "demodé". Lo de "la nube" también lleva el mismo camino. Pero no se preocupen, ha llegado la hora del "BigData" y empezarán a surgir gurús que darán conferencias sobre el tema y a escucharse mucho ruido en las revistas de negocios sobre el tema.

Recientemente en Forbes se hacen eco de una investigación donde se afirma que "google trends" es capaz de predecir si la bolsa va a subir o bajar.

Al margen de la posible discusión sobre si "google trends" es "web 2.0" o "big data" o "sustituyaseporlapalabrademodaentregurus" veamos qué hay detrás de todo este entusiasmo.

Los investigadores seleccionaron 96 palabras relacionadas con las finanzas y las monitorizaron diariamente viendo si la frecuencia con la que la gente las buscaba en google se correlacionaba con el hecho de que la bolsa bajara o subiera ese día.

Descubrieron que la palabra "debt" (deuda) les permitía alcanzar unas rentabilidades (en una simulación) de más del 300% si se aplicaba la siguiente regla: si el número de búsquedas ese día de la palabra "debt" sube, entonces vendes, y si baja, entonces compras. Bueno en realidad no era "vender", sino comprar warrants put o call, pero para los no financieros entiendasé como "vender/comprar".  Con una estrategia "aleatoria" del tipo lanzar una moneda al aire calcularon que hubiesen ganado un 16% en ese periodo. Usando la información sobre los millones de búsquedas que hace la gente en Google (el BigData) habían "ganado al mercado".

El titular es evidentemente sensacionalista. Veamos por qué.

Para darse cuenta de ello tampoco hay que ser un experto en estadística o epidemiología, basta aplicar una regla de sentido común financiero del estilo "nadie da duros a cuatro pesetas" que viene a decir que: "si alguien descubriese un método automático que le permitiese ganar dinero en bolsa no lo publicaría, lo usaría para ganar dinero en bolsa".

Pero vamos a ir un paso más allá para aprender un concepto que nos permitirá  desenmascarar a toda esa legión de gurús de medio pelo sin corbata que van a empezar a darnos charlitas sobre "big-data" con sus Prezis.

Existe en estadística el concepto del "valor de la p", que viene a ser algo así, de manera simple, como la probabilidad de encontrar una asociación cuando la asociación en realidad no existe.

De este modo, si yo detecto una asociación con una "p" del 5%, la interpretación es: "si no existiera una asociación entre el término "debt" y la evolución de la bolsa, hay una probabilidad del 5% de obtener estos datos por puro azar". O en otras palabras, "aunque en realidad no exista una asociación entre la palabra "debt" y la evolución de la bolsa, por cada 20 veces que repita este experimento, en una de esas repeticiones parecerá según los datos que existe realmente esa asociación".

Ahora imaginemos que en vez de repetir "20 veces el experimento" con la palabra "debt", lo que hacemos es escoger 20 palabras. Lo que ocurrirá es bastante similar, una de esas palabras podría dar una asociación por puro azar. Ampliemos el asunto a 96 palabras... las probabilidades de encontrar una palabra que en ese experimento se correlacionen con la evolución de las acciones de bolsa es más alto. De hecho si eligiesemos 1 millón de palabras seguramente encontraríamos alguna que adivinaría muy bien la evolución de la bolsa.... en el pasado.

El problema es que esa palabra del millón lo adivinaría muy bien en este experimento realizado sobre un periodo de tiempo, pero seguramente no en el próximo experimento en un periodo de tiempo futuro (porque se debe al puro azar). En el próximo experimento la palabra que prediga la evolución de la bolsa será otra de las 999.999 restantes. ¿Pero cuál?.

Cuando tienes un montón de datos para analizar y no tienes claro el método científico la tendencia es a analizar miles, sino millones de datos. Claro, al final siempre encuentras asociaciones "muy exactas". Lástima que se deban al puro azar y no puedan ser replicadas.

Esto ya ocurrió con lo del genoma humano. De pronto podíamos analizar cientos de miles de genes, y los investigadores se pusieron a buscar qué genes predecían qué enfermedades. Cada vez que hacían un experimento seleccionaban 10.000 variantes de genes y veían si los enfermos de Alzheimer las tenían  o no. Y siempre encontraban unas cuantas que se asociaban con el Alzheimer. Y salían en las noticias. Claro, luego otros investigadores repetían el experimento y los genes que les salían a ellos asociados al Alzheimer era otros diferentes. Y salían en las noticias también.

De modo que la próxima vez que un gurú del "Bigdata" les diga que han encontrado tal o cual asociación hágale dos preguntas capciosas:

- ¿cuántas variables ha analizado en total para encontrar esta asociación?
- ¿alguien ha replicado esta asociación en un experimento diferente?

Si el gurú les sale con evasivas y les habla del "paradigma disruptivo" pueden dejar de atenderle y ponerse a revisar el correo electrónico en su teléfono móvil. Con un valor p = 0.0000000000001 la charla del gurú de medio pelo será en realidad un montón de cancamusa maloliente.




martes, 23 de abril de 2013

Soy un Hiperfrecuentador

Muchos tertulianos y economistas de la salud afirman en ocasiones que en España la gente abusa de la sanidad pública. Para ello hacen referencia a datos como que el número medio de visitas al médico en España es superior (8.1 veces al año) que en Europa (5.6 veces).

Lo fácil, claro, es echar la culpa al paciente, que es un irresponsable y hasta nos hemos inventado un palabro para etiquetarlo: Hiperfrecuentador.

Pues bien, yo me he convertido en un hiperfrecuentador.




Mi mujer se ha quedado embarazada. Ya hemos tenido que hacer 5 visitas al centro de salud, todo para sacar unas analíticas de control:

Visita 1: "mire, que parece que estamos preñaos que a mi mujer no le viene
la regla y venimos para empezar con el seguimiento y a lo que nos manden"
... "no, mejor venid la semana que viene que es muy pronto y puede dar
falsos positivos"... salimos de allí y nos hicimos un predictor de esos que
confirmó lo que ya sabíamos.

Visita 2: "mire, que ya hemos hecho el test y está embarazada, ya llevamos
con el acfol y tal, por lo demás bien"... "vale, felicidades, os pido una
citología ¿?, toma este bote para la orina y pedid cita con la matrona por
la tarde y otro día para las analíticas por la mañana"

Visita 3 (a la matrona): "no se para qué te han pedido una citología, pasa
que te peso y te tomo la tensión... bueno, te voy a dar cita con el gine
para la primera eco, toma estos folletos, ya más adelante te daremos info
sobre los cursos de preparación y tal y pascual, no comas carne cruda, etc,
etc. A principios de junio pide otra cita conmigo"

Visita 4 (en ayunas): "aprieta el puño. Bueno, pide cita con tu médico para
los resultados en 10 días"

Visita 5 (para ver resultado de analíticas): "pues nada, que está todo
bien. ¿que tiene nauseas? pues primperan, toma la receta. Y otra de
acfol"...




A todo esto nadie le ha pedido un test de embarazo, se han fiado de nuestra
palabra aunque solo la segunda vez, no la primera.

Y eso que mi mujer NO ESTA ENFERMA, solo embarazada y somos de naturaleza
HIPOfrecuentadora.

Todo esto se tenía que resolver en una sola visita... ¿que dice usted que
está embarazada?... test de embarazo en orina si hay dudas y eco
transvaginal sobre la marcha (yo las he hecho, no es tan dificil), pase un
momentito a la enfermera que le va a tomar la tensión y a sacar unas
analíticas para las serologías, a última hora vienen a recogerlas para
mandarlas al laboratorio. Mañana en ayunas hágase una glucemia en la
farmacia antes de ir a trabajar, cuando pueda traiga un bote con la orina y
lo deja en la recepción con este volante y nos deja la glucemia que le
digan en la farmacia apuntada en esta hoja. Ya le llamaremos con los
resultados, en principio si todo está bien no tiene que venir hasta dentro
de 3 meses.

Pero nada, sigamos echando la culpa a los hiperfrecuentadores, que nos estropean los números.

sábado, 20 de abril de 2013

Video del encuentro de la Ministra Mato con Roberto Sánchez en la sede de la OMC

La Ministra de Sanidad Ana Mato ha acudido a la toma de posesión del presidente de la Organización Médica Colegial. En ella ha hecho las ya clásicas declaraciones:

“En el proceso de reformas para fortalecer la sanidad es fundamental la contribución de los médicos”

Según reza el comunicado oficial del ministerio: La política de Recursos Humanos, ha afirmado Mato, constituye “una especial prioridad” dentro de la Reforma Sanitaria”. Con ella, “pretendemos reafirmar nuestro compromiso con los profesionales, trabajando en el marco regulatorio del desarrollo profesional y su justo reconocimiento social”.

El Dr Roberto Sánchez, médico suplente precario al que conocí en los baños de la sede de la Organización Médica Colegial (nuestra primera conversación fue "disculpa que no te salude pero tengo la polla en la mano") andaba por ahí.

Un informante nos ha pasado una grabación que ha hecho con el iPhone del momento en que la Ministra Mato comentaba su intención de mejorar la política de recursos humanos al mismísimo Roberto. Como veréis Rober se puso corbata para tal importante evento, aunque se ve que le molesta bastante.

Al final aparece Sendín como quien no quiere la cosa... y es que le gusta más chupar cámara que a Falete.


Solo le ha faltado a la ministra lo de decir que "Atención Primaria es el eje del sistema sanitario". Menudas risas.

 

sábado, 13 de abril de 2013

Que en los colegios no enseñen finanzas ni derecho no es casualidad


Loa al estudio. 

¡Estudia lo elemental! Para aquellos
cuya hora ha llegado
no es nunca demasiado tarde.
¡Estudia el "abc" !No basta, pero
Estúdialo. ¡No te canses!
¡Empieza! ¡Tú tienes que saberlo todo!
Estás llamado a ser un dirigente.

¡Estudia, hombre en el asilo!
¡Estudia, hombre en la cárcel!
¡Estudia, mujer en la cocina!
¡Estudia, sexagenario!
Estás llamado a ser un dirigente.

¡Asiste a la escuela, desamparado!
¡Persigue el saber, muerto de frío!
¡Empuña el libro, hambriento! ¡Es un arma!
Estás llamado a ser un dirigente.

¡No temas preguntar, compañero!
¡No te dejes convencer!
¡Compruébalo tú mismo!
Lo que no sabes por ti,
no lo sabes.
Repasa la cuenta,
tú tienes que pagarla.
Apunta con tu dedo a cada cosa
y pregunta: "Y esto, ¿de qué?"
Estás llamado a ser un dirigente.

Bertolt Brecht. 1933.

martes, 2 de abril de 2013

Aspectos no farmacológicos de la medicación



La tradución de este artículo lo pasó por MEDFAM Jose María Tallón. Dado que no lo he encontrado colgado en la web y me parece muy interesante lo cuelgo aquí.

ASPECTOS NO FARMACOLÓGICOS DE LA MEDICACIÓN

Arthur J. Barsky , MD
_____________________________________________________________________________________
Del Servicio de Psiquiatría y Programa de Atención Primaria, Masachussetts General Hospital, y Departamento de Psiquiatría, Harvard Medical School Boston.
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·         Los aspectos “inespecíficos” y no farmacológicos de tomar medicación son importantes en varias situaciones clínicas: cuando los pacientes insisten en una medicación que no está clínicamente indicada; cuando rechazan una medicación apropiada; cuando son repetidamente perturbados por efectos adversos de fármacos variados; y cuando no se adhieren al régimen terapéutico. La conducta del paciente en estas situaciones puede estar motivada por los significados psicológicos, las comunicaciones interpersonales o las consecuencias sociales de tomar medicación. El médico puede ser capaz de identificar estos factores psicosociales indagando sobre las anteriores experiencias del paciente con medicaciones, inquiriendo por su visión de los médicos y la atención médica, y comprendiendo las consecuencias de convertirse en un paciente.
Arch Intern Med – 1983; 143: 1544-1548

       Tomar una medicación no es un proceso farmacológico: es un proceso psicológico, interpersonal y social. Si bien los médicos concentran sus esfuerzos en las propiedades de los fármacos y sus efectos, se presta menos atención a los aspectos psicológicos y conductuales de tomarlos. Y no obstante, estos elementos psicosociales “inespecíficos” están incluidos en toda prescripción.
Los factores inespecíficos afectan poderosamente a las respuestas fisiológicas de los pacientes a los fármacos. Estos factores incluyen las características demográficas y de personalidad del paciente, la naturaleza de la enfermedad, la relación médico-paciente, el entorno, las expectativas de médico y paciente, y la pauta terapéutica. Se puede distinguir entre la respuesta general al fármaco (los cambios físicos y conductuales en los pacientes que lo toman) y el efecto específico del fármaco (la porción del cambio que es debida a la acción farmacológica del mismo). El placebo se puede usar para explorar esta distinción, dado que es químicamente inerte y sin actividad farmacodinámica específica. En una amplia variedad de pacientes, enfermedades y entornos, el placebo puede producir el alivio de los síntomas en un 35% de los casos. Por tanto, un tercio de los pacientes recibe beneficio clínico del proceso genérico de ver a un médico y recibir una prescripción, incluso cuando la sustancia prescrita es químicamente inerte.
Este artículo no trata de los efectos fisiológicos de medicamentos individuales, sino más bien de los efectos psicosociales y conductuales de tomar medicación en general. Hay ocasiones en que estos aspectos inespecíficos, no farmacológicos, de la medicación requieren atención clínica porque ponen en riesgo la atención médica del paciente. En este artículo describo cuatro de estas situaciones, discuto los significados psicosociales que la medicación puede tener para los pacientes, y propongo una aproximación clínica a estos problemas.
PACIENTES PARA QUIENES SON IMPORTANTES LOS ASPECTOS NO FARMACOLÓGICOS DE TOMAR MEDICACIÓN
Pacientes que insisten en una medicación que no está clínicamente indicada
Algunos pacientes piden una medicación que el médico no considera clínicamente indicada. (No me refiero a los individuos que buscan una droga “recreativa” de abuso, sino a pacientes que piden una pastilla por sus propiedades médicas). Cuando un paciente solicita un fármaco en particular que no es de beneficio farmacológico, puede hacerlo porque la medicación ha asumido un cierto significado e importancia personal. Los aspectos psicológicos, interpersonales o sociales de tomar medicación han eclipsado los farmacológicos. Los pacientes pueden buscar un nuevo “medicamento milagroso” que nunca habían tomado, pero que es pregonado por amigos o  ampliamente publicitado (ejemplo: cimetidina, propanolol). Esta petición puede indicar que el paciente está asustado por su salud o insatisfecho con su situación médica. Alternativamente, los pacientes pueden solicitar seguir con medicaciones que están tomando, pero que el médico cree que deberían suspenderse. (Ejemplo, digital, un hipnótico, un tranquilizante menor). Estos pacientes objetan a los intentos del médico, anticipando consecuencias médicas muy serias o temiendo recaídas de la enfermedad para la que se prescribió originalmente el medicamento. Los usuarios de benzodiazepinas, por ejemplo, pueden aferrarse a su medicación porque a lo largo del tiempo han llegado a atribuir características positivas de su personalidad al medicamento, y temen que su discontinuación les hará socialmente inadecuados. Si el médico quita de hecho la medicación, el paciente frecuentemente busca otro médico que se la prescriba.
CASO 1.- Un varón de 72 años vino a la clínica por primera vez después de que se hubo jubilado el que había sido su médico de familia durante muchos años. Relató una historia consistente con angina y era ligeramente hipertenso. Un ECG mostró solo antiguos cambios isquémicos inespecíficos. El paciente había estado tomando digoxina 0,25 mg al día durante 13 años, prescrita originalmente por su médico de familia por razones poco claras. Cuando se aconsejó al paciente suspender la digoxina, se quedó aterrado. La había iniciado un médico por el que el paciente sentía la mayor admiración y lealtad. Si aquel le había prescrito la medicación, seguramente era necesaria, incluso le habría salvado la vida. Si actualmente estaba asintomático, esto era simplemente prueba de que “la pastilla del corazón debe de estar haciendo su trabajo”. La entrevista posterior reveló que el paciente se sentía profundamente desamparado ante lo que veía como inexorablemente progresiva enfermedad cardiaca y edad avanzada. Especialmente temía un ataque cardíaco súbito y fatal que pudiera golpear sin avisar (lo que le había sucedido recientemente a un viejo amigo). La digoxina le parecía un medio de paliar el peligro al que se enfrentaba; era algo que él podía hacer para prevenir un temido futuro evento. Cuando el paciente hubo expresado estas preocupaciones, el médico pudo explicar las realidades médicas de manera fructífera. Le aconsejó medidas preventivas más efectivas. El paciente accedió a disminuir la pauta de digoxina a prueba, y posteriormente consintió en suspender el tratamiento de digoxina después de empezar un programa suave de ejercicio.
CASO 2.- Una mujer de 38 años, con dos niños pequeños, llevaba siete años tomando una benzodiazepina diariamente en dosis muy bajas. Aunque médicamente sana, hacía frecuentes visitas a su internista, y muchas veces le pedía consejo sobre sus relaciones con su marido, hijos y hermanas. Estaba insegura de sí misma y se sentía inadecuada como madre y esposa. Las indicaciones para el tranquilizante no estaban claras, y su médico le había instado repetidamente a dejarlo. La paciente, con enfado, solicitaba que no se cambiara su tratamiento, insistiendo en que se pondría ansiosa y no podría dormir sin la medicación, y que su marido la dejaría cuando viera lo mal que funcionaba ella sin la medicación. El médico le animó a seguir hablando, y reconoció que se sentía dependiente del consejo de su médico; temía que los intentos de este de suspender el tratamiento fueran meramente un preludio de terminar la relación; si ya no le proporcionaba la medicación, ya no habría ningún pretexto “legítimo” para continuar dicha relación. Una vez que se hubo aclarado esta preocupación, el médico pudo tranquilizarla sobre su continua disponibilidad. Entonces pudieron discutir de manera más realista el cese de la medicación, y la paciente consintió en una reducción de la dosis.
Pacientes que rehúsan una medicación que está clínicamente indicada
Los pacientes a veces rechazan medicaciones que están clínicamente indicadas. Pueden ofrecer la racionalización de que realmente no están enfermos, manifestar objeciones filosóficas y personales a la medicación en general, o expresar la creencia de que su enfermedad se resolverá espontáneamente. La negativa es especialmente probable si la medicación es corriente, particularmente si se puede comprar sin receta. Así, los pacientes pueden declinar una prueba terapéutica con aspirina para artritis reumatoide o antiácidos para una úlcera péptica. Ellos van al médico a por una medicación más esotérica, más arcana, que parece más poderosa porque puede ser obtenida sólo por medio de receta.
Si el paciente rechaza una medicación prescrita solo para alivio de síntomas, la decisión no tiene consecuencias médicas. Sin embargo, si el paciente rehúsa un agente prescrito para detener o revertir una enfermedad, tal conducta puede ser perjudicial. En estos casos, el paciente puede estar intentando minimizar su miedo a la enfermedad negando que necesite tratamiento. Alternativamente, el rechazo puede expresar tensión, resentimiento o desconfianza en la relación médico-paciente. Para otros pacientes, no aceptar una medicación es una manera de evitar dependencia para con el médico, que el paciente experimentaría si permitiera a aquel tratarle.
CASO 3.- Una maestra retirada soltera de 67 años se quejaba de variados síntomas somáticos, incluyendo debilidad, fatiga e insomnio de un año de duración. Los resultados de su estudio médico fueron normales. El diagnóstico de depresión mayor quedó más claro con la anamnesis adicional de que la paciente había dejado de tratarse con sus hermanas, había perdido la motivación para cuidar su jardín, y ya no disfrutaba leyendo. Rehusó un antidepresivo, diciendo que no creía que le fuera a ayudar, que se encontraría mejor con el tiempo, y que no había perdido el control de sus sentimientos ni de su mente. “No creo en las medicinas. Y además, puedo salir sola de esto”. La paciente se veía a sí misma como una mujer independiente, estoica y fuerte. “He trabajado por cada centavo que he tenido y nunca conseguí nada que no me hubiera ganado yo misma”.  Para ella, una depresión era una debilidad y un fracaso, y la noción de que pudiera tener una alteración “mental” era aborrecible. Además admitió que percibía la prescripción como un “no hacerle caso” - como una comunicación de su médico de que prefería darle pastillas a hablar con ella. Al rechazar la medicación, en realidad estaba diciendo: “Si no está usted interesado en mí, entonces yo no estoy interesada en hacer lo que me recomienda”. Sabido esto, el médico pudo subrayar la depresión como una dolencia (trastorno) y no una debilidad del carácter. También le explicó que la medicación era solo parte del tratamiento, y que no intentaba sustituir por ella sus citas periódicas.
CASO 4.- A un periodista de 42 años, padre de cuatro hijos, se le encontró hipertensión asintomática. Después de una completa discusión de la hipertensión y su tratamiento, que se dilató durante varias visitas, rehusó tomar un diurético tiazídico. Temía que su mujer e hijos se iban a intranquilizar por él si le veían tomando una medicación. Y particularmente le preocupaba que si su jefe supiera que estaba enfermo, prescindiría de él para ascensos en el trabajo. Este paciente estaba asustado de estar enfermo y asustado de cómo otras personas le tratarían si supieran que estaba enfermo. Intentaba escaparse de su enfermedad y negarla evitando el tratamiento.

Pacientes turbados por los efectos secundarios de medicaciones variadas
Algunos pacientes desarrollan repetidamente reacciones indeseadas y negativas a muchas clases diferentes de fármacos. Perciben efectos secundarios menores como incapacitantes e intolerables, aparecen complicaciones, o surgen nuevos síntomas reemplazando los anteriormente tratados. Pueden entonces suspender el tratamiento sin decírselo al médico. Algunos de estos pacientes encuentran difícil manifestar explícitamente la incomodidad, incertidumbre y recelo que tienen sobre su atención médica o su médico. Para ellos, los efectos secundarios preocupantes ofrecen una vía más segura, más pasiva y menos beligerante de expresar su descontento (desafección). Otros pacientes que experimentan repetidamente efectos adversos pueden ser renuentes a ponerse bien y a renunciar a su enfermedad y a su estatus de paciente. Otros están especialmente preocupados, ansiosos e inseguros ante los peligros de la medicación. En apoyo de lo dicho, se ha encontrado que los pacientes ansiosos experimentan más efectos secundarios al recibir placebo que los menos ansiosos.
CASO 5. – Una viuda de 61 años había sido despedida recientemente de su trabajo de toda la vida como telefonista. Había sido vista frecuentemente durante muchos años por múltiples síntomas “funcionales” y por enfermedad articular degenerativa con dolor de cadera y columna. Aunque quejándose ruidosamente de su dolor, esta mujer, sola, sin trabajo y de edad, esperaba con ansia sus visitas al médico. Frecuentemente “hacía el día” con ellas, curioseando en la tienda de regalos del hospital, leyendo en la entrada, y comiendo en la cafetería. Sus visitas, aun siendo tan peleonas, se habían convertido en la columna vertebral de su vida social. Se habían probado muchos analgésicos, pero rápidamente desarrollaba efectos secundarios a todos ellos. Más recientemente se le había dado sulindac, pero telefoneó a su médico dos días después quejándose agriamente de que no podía tomar la medicación porque le ponía las extremidades ligeras y calientes, le daba profunda letargia, y le quitaba el color de la cara. Incluso aventuró que la medicación le estaba causando dolor músculo-esquelético. Pero a pesar de su descontento, pidió otra cita y demandó otro analgésico. Esta mujer necesitaba su relación con el médico y su rol como paciente en el hospital. Curar sus síntomas, por contra, eliminaría su razón para ver al médico y visitar el hospital. Reconociendo lo importantes que eran los síntomas de esta paciente para sí misma, el médico comenzó a prescribir analgésicos con la advertencia de que podría ser que no suprimieran completamente todo el dolor. Reconoció que la artrosis de la paciente no se podría eliminar, aunque las medicaciones serían de ayuda. La paciente continuó refiriendo efectos adversos, pero le perturbaban menos, y sus incesantes llamadas y demandas de nuevas medicaciones disminuyeron.

Pacientes que no cumplen el régimen terapéutico
El incumplimiento, o falta de adherencia, es un problema común y complejo. Se relaciona con el régimen de medicación, la naturaleza de la enfermedad del paciente, la relación médico-paciente, y ciertas características del paciente. Algunas faltas de cumplimiento resultan de las creencias del paciente sobre los medicamentos en general y de sus actitudes hacia ellos. Por ejemplo, mucha gente cree que los medicamentos crean hábito y pueden ser peligrosos o difíciles de dejar si se toman “a tope” mucho tiempo. Otros pueden no adherirse a una pauta porque creen que se desarrolla rápidamente tolerancia en el cuerpo; si el paciente tomara la medicación como se le ha prescrito, sería inefectiva en un hipotético futuro cuando el paciente “podría realmente necesitarla más”. Algunos pacientes dejan de tomar su medicación una vez que sus síntomas han remitido, creyendo que ya no están enfermos y que por tanto no la necesitan ya.
Otros pacientes dejan de seguir el tratamiento en el contexto de haber desarrollado resentimiento o decepción con el médico. Tales pacientes frecuentemente han quedado insatisfechos con sus médicos anteriores y hablan despectivamente de su atención médica en general. Visitan a un nuevo médico con grandes esperanzas y expectativas, pero quedan decepcionados y desilusionados con los intentos del sanitario. Esta decepción se manifiesta en incumplimiento. La medicación se convierte así en el campo de batalla en el que el paciente lucha contra su médico, y el incumplimiento en el arma. Los pacientes malos cumplidores también pueden estar expresando en su conducta el resentimiento o la frustración que sienten hacia un miembro de la familia.
CASO 6.- Un hombre de negocios de 33 años, casado, diabético insulinodependiente, había llevado mal control diabético y había tenido varios episodios de cetoacidosis. Prestaba poca atención a la dieta, se administraba la insulina de forma anárquica y no se hacia controles de orina de manera fiable. Debido al mal manejo, se invitó a la esposa del paciente a una visita de seguimiento, y el médico le preguntó cómo se sentía respecto a la enfermedad de su marido. Ella informó de que su marido era generalmente una persona precisa y cuidadosa y que su manejo descuidado y casi temerario de su diabetes no parecía estar de acuerdo con su carácter. Observó que era más incumplidor y tenía más probabilidades de tener un episodio de cetoacidosis cuando “no se llevaban bien entre ellos”. La conversación posterior reveló que el paciente y su esposa discutían sobre hasta dónde tenía que ser él la figura de autoridad en la familia. Recientemente, el paciente se había opuesto al intento de su esposa de volver a trabajar como periodista. La exacerbación de la diabetes le impedía a ella trabajar porque él necesitaba sus cuidados en esas ocasiones y ella se sentía obligada a poner por delante las necesidades de él cuando estaba malo. El médico envió al matrimonio a terapia de pareja, y a medida que esta progresó, el tratamiento del paciente mejoró.

LOS ASPECTOS NO FARMACOLÓGICOS DE LA MEDICACIÓN
El manejo de las situaciones clínicas mencionadas mejora cuando el médico comprende los aspectos no farmacológicos de tomar medicación. También es de ayuda que el médico aprecie los significados personales que las medicinas tienen para los pacientes.


Significados psicológicos de los fármacos
El individuo que está enfermo está vulnerable y desamparado. Su control sobre su cuerpo, su futuro, su propia supervivencia, están amenazados. Hay ansiedad, ambigüedad e incertidumbre cuando se está a merced de un insensible e indiferente proceso de enfermedad. En este contexto, las medicaciones pueden ofrecer un medio de dominar y controlar la situación. Tomar una medicación significa que uno no tiene que quedarse impotente, indefenso y fatalista ante la enfermedad. En el caso 1 el paciente se sentía profundamente desamparado, y la digital era su medio de luchar. Cuando los pacientes declinan una medicación que no precisa receta y reclaman una prescripción, puede ser porque su situación parece tan amenazante como para requerir un fármaco más potente que los que pueden obtener ordinariamente.
Alternativamente, la medicación puede ser un recuerdo del médico. Las pastillas, la receta, incluso el frasco, representan el poder, la preocupación y los esfuerzos del o de la médico. Si la impresión que el  médico hace al paciente es positiva, la medicación conlleva un sentido de confort, atención y cuidado. En el caso 2 la paciente se aferraba a la benzodiazepina en parte porque le recordaba la guía y perspicacia de su médico. Sin embargo, si el paciente tiene sentimientos negativos hacia el médico, puede asociar los atributos de castigo, rechazo, control y malicia a la medicación. En consecuencia, el paciente puede no tomar la medicación como se le ha prescrito, puede automedicarse, o puede acudir a otro médico.
Finalmente, los medicamentos pueden simbolizar la enfermedad tratada. La pastilla recuerda al paciente que está enfermo y que algo va mal. La medicación puede utilizarse mal para evadirse de esta dolorosa realidad, sobre todo cuando la enfermedad es asintomática y el paciente por tanto no se siente mal cuando omite su medicación. En el caso 3, la paciente intentaba, evitando el antidepresivo, no verse a sí misma como débil, dependiente y fuera de control. El paciente del caso 4 no quería verse a sí mismo como enfermo, y asimismo le asustaba que otros le vieran como tal. En casos extremos, un paciente puede atribuir sus síntomas al tratamiento, convenciéndose de que está sano y de que es la medicación la que le pone enfermo. El caso 5 es un ejemplo de esto: la paciente se preguntaba si sus síntomas artrósicos eran efectos secundarios de la medicación.
Significados interpersonales de los tratamientos
El dar la medicación por parte del médico puede verse como comunicación no verbal del médico hacia el paciente.  Al hacer ingerir al paciente una sustancia potencialmente perjudicial sobre la cual este es ignorante, el médico está afirmando su autoridad, poder y superior conocimiento. Algunos pacientes perciben el que el médico prescriba medicamentos como una comunicación de que el médico se interesa por ellos y acepta su sufrimiento y su necesidad de ayuda. La pastilla se convierte en un símbolo de la atención del médico. Alternativamente, el paciente  puede percibir la prescripción como un no hacerle caso, como la sustitución de la relación personal con el paciente por algo inanimado e inferior. Por ejemplo, en el caso 3, la paciente interpretaba la sugerencia del médico de un antidepresivo con el significado de que éste prefería darle pastillas a hablar con ella. Al rechazar la medicación, le transmitía su enfado y decepción por la aparente falta de interés del médico.
La toma de la medicación por el paciente puede verse como una comunicación no verbal con el médico o con otras personas importantes en su vida. Cumpliendo el régimen terapéutico, el paciente puede desear demostrar deferencia y comunicar gratitud al médico. A la inversa, el paciente que está enfadado con su médico o desconfía de él puede expresar esto rechazando la medicación, encontrando sus efectos secundarios intolerables, o no cumpliendo la pauta. Por ejemplo, se ha hallado que los pacientes que rehúsan los tranquilizantes menores se sienten más hostiles y negativos hacia sus médicos y están más resentidos con la autoridad que los que no los rehúsan. El uso de la medicación por los pacientes puede ser también una comunicación no verbal a un miembro importante de la familia, como en el caso 6, donde el paciente estaba usando la insulina más que la palabra para decirle a su esposa que no quería que fuera a trabajar y que necesitaba que se quedara en casa.
Significados sociales de los medicamentos
Tomar una medicación prescrita puede ser una manera de entrar en el papel de enfermo y conferirse a sí mismo la calidad de paciente. Si un individuo necesita ser reconocido como enfermo, puede dar la bienvenida a, o incluso buscar activamente, una medicación. Se puede necesitar ser designado como paciente enfermo porque ello permite continuar una relación con un médico, o porque se pueden evadir responsabilidades y posponer cambios, o porque el papel de paciente da derecho a simpatía, atención y ayuda. La  paciente del caso 2 creía que tomar su medicación legitimaba su relación con su médico. La medicación era el boleto de admisión a su consulta. En el caso 5, la medicación evocaba el fantasma de la curación, y con la curación vendría la salida del papel de enferma. Por ello la medicación para ella no era bienvenida, y los efectos adversos intolerables ofrecían una vía de evitar tomarla.
Si en cambio el individuo no quiere el rol de paciente, puede ser renuente a tomar la medicación prescrita. El paciente del caso 4 quería fervientemente evitar el papel de enfermo, puesto que creía que esto frustraría su carrera y afectaría a su papel como marido y padre.

IMPLICACIONES PARA LA PRÁCTICA CLÍNICA
La mayoría de pastillas se obtienen sin prescripción: en el 70 % de los episodios de enfermedad, el individuo se trata con medicaciones sin receta. La relación de fármacos no prescritos respecto a prescritos  usados por adultos es aproximadamente 2:1. En muchos casos, el producto sin receta se usa en vez de, o como alternativa a, una medicación de receta. Muchos pacientes cambian a autotratamiento cuando creen que la consulta con el médico no ha tenido éxito. Además de tomar medicaciones sin receta para enfermedades, personas que no se perciben a  sí mismas como enfermas también las toman para tratar síntomas triviales y benignos. Muchos de estos individuos aparentemente sanos se tratan a sí mismos los efectos de acontecimientos vitales estresantes.
Para el paciente, la prescripción es un curso aconsejado de acción que hay que sopesar y evaluar activamente. En muchos casos, es una alternativa al autotratamiento. En este proceso deliberativo, el paciente considera sus propias experiencias previas de medicación, su visión del médico, su información sobre su enfermedad, y sus propios valores, actitudes  y creencias sobre la medicina. Los pacientes también buscan activamente consulta con profanos entre amigos y familia, y comparan este consejo con el del médico para decidir qué medicina tomar y cómo tomarla. Al manejar clínicamente problemas de medicación, los médicos deben comprender que el paciente tiene sus propias ideas, perspectiva, y acciones alternativas, y que hay que dilucidar todo esto antes de modificar la conducta del paciente.
Los aspectos psicológicos, interpersonales y sociales de tomar medicinas están incluidos en toda prescripción. No obstante, solo asumen importancia clínica, y solo requieren la atención explícita del médico, cuando llevan al paciente a conductas maladaptativas que pongan en riesgo su salud. Se han presentado cuatro de estas conductas: insistencia en una medicación que no está indicada; rechazo a probar un fármaco apropiado; efectos secundarios repetidos que le impiden al paciente tomar varias medicaciones; e incumplimiento. Cuando surgen estas situaciones, el medico debería intentar explorarlas, escuchar cuidadosamente al paciente, y comprender los significados psicológicos, interpersonales y sociales que la medicación pudiera tener para el paciente.
Los significados psicológicos de los tratamientos se dilucidan mejor inquiriendo sobre las experiencias anteriores del paciente con medicamentos, dado que estas experiencias han moldeado sus actuales actitudes, creencias y valores. Se puede preguntar al paciente si generalmente ha encontrado de ayuda  las medicaciones o no, y en qué aspecto. ¿Es una persona que generalmente cree en la medicación o no, y por qué? ¿Qué le molesta más de tener que tomar medicinas? Escuchando cuidadosamente al paciente, el clínico puede averiguar si el paciente ve la medicación como un medio de controlar la aterradora amenaza de la enfermedad, como un símbolo del propio médico, o como un recordatorio de su enfermedad.
Los significados interpersonales se pueden comprender describiendo la visión del paciente de los médicos y de la atención médica. Pedirle al paciente que describa a los médicos que más le han gustado, cómo le ayudaron, y qué es lo que más le gustaba de ellos. A la inversa, informarse sobre los médicos con los que el paciente estaba más insatisfecho. ¿Qué no le gustaba de ellos, de qué manera no le ayudaron, y por qué decidió el paciente consultar con otro médico? Esto puede esclarecer el mensaje que el paciente recibe con la prescripción y aclarar lo que está tratando de decir con su uso de la medicación.
Finalmente, para entender algunos de los significados sociales de la medicación para el paciente, puede ser de ayuda indagar cómo se siente al convertirse en paciente y asumir el papel de enfermo. ¿Qué cambios específicos han ocurrido en su vida como resultado de ponerse enfermo/a? ¿Cómo sería su vida si dejara de estar enfermo o sintomático? Los sentimientos de la persona sobre convertirse en paciente pueden ayudar a explicar su uso de la medicación, dado que las pastillas confieren la cualidad de paciente.
Si se pueden definir explícitamente estos aspectos psicosociales de la toma de medicación, se pueden discutir abiertamente con el paciente. Al hacerlo, es posible explorar esperanzas no expresadas y miedos infundados a la medicación; se posibilita clarificar las intenciones y planes del médico; cabe que el paciente exprese sus expectativas tácitas hacia el médico; se hace posible discutir las implicaciones del diagnóstico del paciente; y se puede definir la influencia de la familia del mismo. El proceso clínico de prescribir entonces se convierte en un proceso de negociación entre médico y paciente. Este proceso de negociación es más probable que resuelva los problemas de medicación que la acción unilateral del médico, como por ejemplo amenazas, regímenes terapéuticos excesivamente complicados, o pronunciamientos autoritarios. Escuchar al paciente, comprenderle y apreciar su punto de vista devienen las bases para una farmacología clínica sensata.